Epílogo y algunas reflexiones a propósito del caso

Luego de su espectacular aparición sobre la capital argentina y zonas de influencia, nada más se supo del MIR. Bien pudo haber seguido volando hasta caer en algun remoto paraje de sudamerica o del inmenso Océano Pacífico completamente ajeno a lo que provocó.

Poco debe quedar hoy de sus restos, es cierto. Pero lo que es innegable es lo que aun perdura despues de 31 años: el recurrente recuerdo de lo que ocurrió aquella soleada mañana de primavera en la capital Argentina. Esa movilizadora experiencia colectiva de ver "algo" que no se sabe que es.

Los avistamientos colectivos -sin importar que se trate de un globo, una reentrada espacial ó un meteoro- activan mecanismos singulares de la percepción. La vivencia conjunta, la experiencia compartida por cientos ó miles de personas a plena luz del día, en donde no caben las alucinaciones, ni la imaginación, ni la duda, es impactante. El objeto se encuentra allí, en el cielo, en la pantalla de TV; lo ve el vecino, el comerciante, el policía, lo ven todos. En definitiva, ¡es real!.

Luego, como es obvio, estan las interpretaciones de lo que se ve. Ante tal estímulo inexplicado -aunque no inexplicable- cada quien le otorga un significado según lo que quiere o lo que necesita ver, sea a partir de sus creencias o de su contexto cultural. Así, pues están quienes buscan una explicación lógica, los que muestran indiferencia, los que se mofan de la credulidad ajena o los que miran extasiados el paso de "un artefacto de otro mundo". La diferencia se encuentra adentro, no afuera.

Si bien creo que las conclusiones de este trabajo son lo suficientemente elocuentes como para eliminar todo rastro de "misterio" del suceso que hasta aquí hemos analizado, para mas de un "creyente" los pocos e insalvables resquicios de duda que la ausencia de cierta evidencia deja, seguramente servirán para mantener abierta la puerta por la que el misterio querrá colarse. Contra eso no hay evidencia que valga.

Desde su publicación en la web hace poco mas de diez años, este trabajo que acaban de leer ha ido difundiéndose poco a poco al punto tal de ser hoy, referencia habitual a la hora de mencionar el caso. Esa es, creo yo, la mejor recompensa al esfuerzo y rigurosidad que en todo momento intenté volcar en él.

Por supuesto no todo son rosas. Son muchos los que no comparten mis conclusiones y se ubican en las antípodas de mi pensamiento y esta muy bien que así sea. Ahora bien, contrariando mis expectativas iniciales, el tan ansiado intercambio de ideas que alguna vez imaginé podría provocar la aparición de este artículo y su difusión en los circulos ufológicos, no ha pasado de una serie de ataques personales y algunos pobres intentos de análisis con aspiraciones de debate pero estatura de mero berrinche. No obstante a ellos debo esta versión mas pulida y creo yo mejorada del "mamotreto".

Finalmente y a pesar de todo, es evidente que a la luz de la nueva evidencia, el "OVNI del 17" no sólo va perdiendo sus más enconados defensores sino que además, va viendo opacado su brillo dentro del panteón ufológico Argentino.

¿Se apagará algún día?

Agradecimientos

Este dossier me llevó casi 6 años terminarlo, y ciertamente no hubiera sido posible hacerlo de no contar con el inestimable aporte de las siguientes personas y medios: Lic. Roberto Venero (UNLP), Sr.Guillermo E. Sierra, Angel Diaz, Carlos Alberto Iurchuk, Ricardo Gomez, Marcelo Salvia, Lista Planeta UFO, Alejandro Agostinelli, Manuel Borraz, Marcos Gonzalez, Leopoldo Fausto Montello, Heriberto Janosch, Gerard Letrenne (CNES), Fred Perrin (NSBF), Bob Hamilton (Balloon Life), James Winker, Gordon Garradd, Joelle Ovarlez, Biblioteca del Congreso de la Nación, Biblioteca Nacional de Aeronáutica, Hemeroteca del Honorable Consejo Deliberante de Bs.As. (hoy Legislatura), Vicente Juan Ballester Olmos, Diego Zúñiga, Roberto Enrique Banchs y Daniel Riera.