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Un ingenioso, pequeño y brillante globito |
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En este apartado veremos la historia y desarrollo del globo que finalmente llevaría toda la responsabilidad por el incidente OVNI que estamos analizando. Esta pagina forma parte de "Crónica de un Ovni que no Fue" un dossier que explica el origen del OVNI visto sobre Buenos Aires el 17 de Septiembre de 1985: un globo estratosférico MIR francés, lanzado desde Sudáfrica dos meses antes. |
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Como bien se sabe, la necesidad es la madre de todos los inventos. Y ciertamente ese refrán está muy ligado al nacimiento del globo estratosférico francés MIR. A principios de los años 70 el programa de investigación atmosférica de ese país necesitaba encontrar una nueva plataforma que fuera versátil y adaptable a cualquier circunstancia climática (el ártico, los trópicos, etc.), barata, de sencilla operación y por sobre todo que permitiera la realización de vuelos prolongados. Así, luego de varios años de estudio, científicos del servicio de aeronomía del CNRS (Centre Nationale de Recherche Cientifique) llegaron a la conclusión que se podría usar el concepto original de los hermanos Montgolfier (con aire caliente en lugar de gas) para desarrollar un nuevo tipo de balón que permitiera efectuar no sólo vuelos estratosféricos de larga duración, sino que además pudiera efectuar "excursiones verticales" es decir cambiar de altura con solo abrir y cerrar una válvula y sin necesidad de llevar lastre. Los primeros dos modelos,
-fabricados de un polietileno oscuro para facilitar la
absorción del calor solar- fueron probados en 1977
y demostraron buenas performances, no obstante ninguno de
ellos sobrevivió la crítica fase nocturna. Luego de algunas pruebas y ensayos, los técnicos del organismo galo idearon una solución para el problema del vuelo nocturno: contrarrestar el enfriamiento del aeróstato por la absorción de la radiación infrarroja proveniente de la Tierra. El nuevo modelo en lugar de ser de un material oscuro, estaba compuesto por dos hemisferios bien diferenciados: la parte inferior de polietileno transparente, que facilitaba el pasaje de la radiación telúrica, y la parte superior fabricada de mylar aluminizado formando una cavidad que permitía la retención del calor absorbido elevando la temperatura interna del globo y otorgándole mayor sustentación.
Si bien a efectos de un rápido ascenso se utilizaba helio para su inflado (*) , el "combustible" que posteriormente mantenía en vuelo al MIR era el aire, calentado durante el dia por la radiación solar y de noche por la radiación infrarroja que logra captar. Este mecanismo le permitía mantener un nivel de vuelo entre los 28 y 30 kms. durante el día, pudiendo descender hasta los 18 kms durante la noche. Los primeros modelos tecnológicos tenían entre 6.000 y 13.000 m3 de volumen, y se llegaron incluso a probar -sin mucho éxito- algunos de hasta 75.000 m3. Actualmente el MIR promedio se encuentra en el orden de los 45.000 m3, siendo su capacidad total de carga útil de alrededor de 80 kg. Esta carga incluye los aparatos científicos, instrumentos de telemetría, baterías de operación y un sistema de seguridad baro-pirotécnico que destruye el globo cuando éste desciende demasiado evitando así que represente un peligro para la aeronavegación. Como vemos se trata de un globo de características muy especiales. Tan especiales que lo han llevado a convertirse en toda una "estrella" del firmamento ufológico. En busca de mas datos Situándome
nuevamente en el contexto de la
investigación del incidente de setiembre de 1985, era
evidente
que el MIR se perfilaba como un fuerte candidato para explicar el
caso. Descartados otros tipos de globos -como vimos en el
capitulo anterior- bastaba releer las razones esgrimidas en
las investigaciones de Montello,
Demaría o Diaz y las explicaciones dadas por el Dr. Horacio
Ghielmetti para
comprender cabalmente que todo apuntaba hacia el ingenioso globo galo. No obstante, siguiendo la linea que me impuse desde un principio decidí ver que encontraba por mi propia cuenta. Comencé a buscar mayores precisiones sobre las misiones llevadas a cabo por el CNES con sus globos MIR, inicialmente a través del website de la división globos del organismo. La información contenida allí me permitió profundizar mi conocimiento de la tecnología subyacente en dichos aparatos, pero poco me aportó en cuanto a referencias documentales especificas sobre los vuelos que me interesaban pues los registros históricos más antiguos databan de 1988. Si bien a nivel referencial eran útiles (para saber sus reales capacidades de vuelo en misiones prolongadas) su valor testimonial era relativo ya que eran datos correspondientes a vuelos posteriores a los que me interesaba investigar. Por ende y ante la imposibilidad de avanzar, decidí tomar contacto personal con el CNES e intentar recabar directamente dicha información a Gerard Letrenne, quien trabajaba en la sede que el organismo tiene en la ciudad de Toulouse. Para mi sorpresa, en cuestión de tres semanas recibi una pronta respuesta a mi solicitud. El amable e-mail de Letrenne contenía un detalle de las misiones MIR efectuadas durante la década del 80. Todos los vuelos habían sido realizados desde un sitio cercano a la ciudad de Pretoria (**), en Sudáfrica.
Pero, lo que mas me llamó la atención de su mensaje fué la parte final:
lo que demostraba que, a pesar de mi cuidado en no mencionar el término OVNI, no sólo conocían perfectamente las repercusiones de los vuelos MIR sobre sudamérica de ese año sino que además no era la primera vez que eran consultados al respecto. Sorprendido y alentado
por la predisposición de mi interlocutor, procedí
a escribir nuevamente, esta vez inquiriéndolo sobre algunos
aspectos del caso y en especial sobre la peculiar forma del globo y la
no menos extraña columna luminosa, adjuntándole para ello la imagen de La Plata. Cerca de una semana
después, Letrenne me respondió
señalando que en la imagen presenta un globo MIR sin su
carga cientifica, señalándome que ésta
había sido eyectada sobre Chile y que un hacendado la
encontró y la envió -por medio del ejercito- de
vuelta a Francia. Asimismo me señaló que segun su
teoría el balón, ya libre de su carga, en lugar
de ser destruido, siguió volando agregando que que
probablemente lo haya hecho hasta que al seguir descendiendo
alcanzó la altura de seguridad (18 km) activando finalmente
el dispositivo baropirotécnico de su
destrucción. Si bien el tenor de su mensaje no apuntaba a contestar puntualmente los interrogantes planteados, sumaba algunas precisiones más a todo el conjunto. Aún a pesar de su deferencia y buena voluntad al responderme, para mí seguían sin una respuesta satisfactoria dos de los principales enigmas del avistamiento. Por un lado la columna de luz ubicada encima del objeto, presente en la mayoría de las fotos obtenidas ese día, y por el otro el gran argumento de todos aquellos que apoyan la hipótesis OVNI: ¿por que si los prolongados vuelos de estos aeróstatos son tan comunes y habituales no existen testimonios gráficos similares en otros lugares del mundo?... ¿o si existen?. En ese entonces no
imaginaba que de la mano de la casualidad, me encontraba a punto de
descubrir un elemento de prueba fundamental, que terminaría
de explicar definitivamente el caso. Pero no nos apresuremos y antes de
continuar con el análisis, los invito a que veamos
brevemente que ocurría en sudamérica los meses
anteriores. Como veremos la "atmósfera ufológica"
que se vivía es un factor fundamental a la hora de sopezar
el gran impacto del avistamiento. |
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Notas |
(*) Inicialmente, el CNES utilizaba también un globo convencional como "tractor" del MIR: se inflaba con helio un globo estratosférico pequeño y se lo hacia subir hasta la baja estratósfera. Una vez allí el MIR se autoinflaba, se desprendía del globo principal y comenzaba su vuelo libre. Esta técnica de lanzamiento -inspirada en los vuelos de globos Tandem de gran volumen- sería no obstante muy poco utilizada. |
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(**) Posteriores averiguaciones en varios documentos del CNES de la época, consultados por mi en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica de Buenos Aires, me permitieron establecer el lugar exacto como Paardefontein, a unos 40 kilometros al este de Pretoria, donde el organismo espacial francés estableció a mediados de los años 60 una estación de seguimiento y telemetría de satélites. |
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